Es incuestionable que vivimos en un mundo profundamente injusto, desigual e insostenible, donde la discriminación entre personas es creciente, donde el control democrático de las decisiones o el acceso a las tecnologías, al conocimiento o a los servicios sociales básicos está reservado a sólo una parte de la población.
De esta manera, la brecha entre personas y entre pueblos ricos y empobrecidos sigue creciendo, y la exclusión amenaza ...
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